Una cosa se llama discreción

“Podías escribir un artículo sobre la discreción”, dice mi alumno Jonatan Crespo una mañana después de oír que Saúl Nafría cuenta que había oído en un programa de radio, algunas puntualizaciones sobre el ser discreto.

Le hago saber a Jonatan que en su momento ya escribí sobre la discreción, y que además fue a raíz de escuchar a Saúl decir un día, antes de salir de fiesta: “con elegancia, que se note que somos judokas”.

Al llegar a casa busco el artículo y lo encuentro. Se colgó en Arajudo el 1 de noviembre de 2011, y lo titulé: “Con discreción, que se note que somos judokas”.

Ha pasado mucho tiempo. Los que leían entonces Arajudo quizá lo recuerden, y como es un artículo que después de leerlo me parece indicado, lo pongo a continuación.

 

Con discreción, que se note que somos judokas… (Noviembre de 2011)

“Con elegancia, que se note que somos judokas…”, decía un alumno un día a sus compañeros cuando iban a salir de marcha.

No se exactamente a que tipo de elegancia se refería, y a raíz de esa expresión, parafraseándola me pareció más oportuno transformarla en “con discreción, que se note que somos judokas…”

El filósofo Diógenes ya escribió en su día que: “callando es como se aprende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando se aprende a callar”.

Con la “inocencia” o la ignorancia que en muchos casos caracteriza a los pequeños un día te viene un niño y te suelta en clase delante de todos: “Profesor sabes…” o “en mi casa…”, o “mis padres…” y comunica un hecho o una intimidad que se ha producido en su casa, en el colegio, o con sus amigos, o que han realizado sus padres que no tienes porqué saber ni tu ni el resto de sus compañeros, que no tiene porqué airear y que seguro que a sus padres tampoco les hace ninguna gracia que conozcas, ni que se airee.

El diccionario Larousse define discreción como: “Sensatez, prudencia, tacto para juzgar u obrar” y en una segunda acepción como “reserva o prudencia para guardar un secreto o para no contar lo que se sabe y no hay necesidad de que conozcan los demás”.

En este pequeño, esta muestra de indiscreción por su parte debido a su edad, podría disculparse, aunque conviene hacerle ver la necesidad o no de exponer ni divulgar “intimidades de casa”, y de ciertas cosas en público.

De esta forma evitaríamos que de más mayores se dieran situaciones que a veces se dan con algún alumno descarado que llega al club, que necesita llamar la atención y en voz alta hace públicas vivencias que debería mantener en la intimidad, alardeando de lo que él considera éxitos y logros a veces incluso en materia sexual, realizando comentarios groseros en voz alta sin ningún tipo de pudor ni educación.

Esto sucede porque el joven que está en plena efervescencia, necesita de una manera mal entendida una reafirmación y exaltación de su independencia. Necesita hacerse notar, y de alguna manera lo que está manifestando es una falta de madurez, un complejo de inferioridad u otro tipo de problema… que a veces se contagia y puede dar lugar a un mimetismo desafortunado.

La primera vez que monté en avión acompañando como entrenador al equipo nacional júnior, recuerdo que me avergoncé, por el comportamiento inadecuado, expresiones groseras en voz alta, de algunos componentes de la selección y que de alguna manera me afectaban pues iba vestido como ellos, y no sabía hasta que punto en aquel momento, y en qué parámetros tenía autoridad para parar aquello, siendo yo “el nuevo del grupo”, y entendiendo que además debía ser hasta entonces la tónica habitual, pues el jefe de expedición también les reía las gracias…

Opté en los siguientes viajes, para no identificarme con ellos, ir vestido de otra manera en el momento de viajar.

Afortunadamente esto solo fue al principio y durante los años siguientes Pedro Riaguas y yo acordamos y nuestra misión inicial cada vez al empezar la temporada e iniciar un viaje con el equipo nuevo, era transmitirles unas normas de comportamiento y convivencia, donde cobraba un protagonismo importante el tema de la discreción, y poniendo todos un poco de nuestra parte, de alguna manera las formas y maneras se fueron reconduciendo.

El escritor y educador Salvador Cardús en su libro Bien Educados enumera en lo que llama “cartas de visita de una mala educación”: la impaciencia, la desmesura y el derroche.

Define la desmesura: “como la falta de criterio en la ocupación del espacio propio, generalmente caótico, algo que lleva a los individuos desmesurados a llenar las zonas ordenadas de los demás. Es la desmesura en el sentido físico, si, pero también en el uso de la palabra, en la exhibición de la propia imagen, e incluso de una autoestima desbordada que hace que estos individuos se crean con el derecho de hacer que la totalidad del universo gire a su alrededor”.

Y a todos nos ha llegado a veces un niño así.

En el tatami intentamos transmitir mediante unas formas, saludo al entrar y comenzar la sesión, saludo al comenzar y dejar de trabajar con un compañero, mantener un silencio decoroso, un respeto al lugar, a los compañeros y al profesor, a aceptar las correcciones y el resultado en los combates de una manera determinada…a manejar una forma de actuar y de comportarse. E intentamos que el judoka se caracterice por saber estar, y que en todo momento mantenga una conducta adecuada.

Algunas veces impartiendo una clase de niños cuando pienso que su comportamiento no es el indicado, los siento y les digo: “que aprendáis Judo es lo que menos me importa en este momento. Al final si seguís practicando Judo todos vais a llegar a hacer bien porque estáis en un buen club, el grupo es bueno y tenéis un “buen profesor”. Me interesa mucho más, me parece mucho más importante que aprendáis a ser respetuosos, que aprendáis a comportaros. Y que sepáis estar en cada situación…”

Y trato de que mantengan el comportamiento necesario para la práctica del Judo…

En ocasiones con el tapiz lleno, entran padres o visitantes en el club y quedan extrañados del ambiente de trabajo y del silencio inusual que reina en la sala distinto al que correspondería con tantos practicantes, sonido que no se escucha, a pesar de toda la gente que se encuentra allí concentrada.

También sucede a veces que llegan al club niños con sus padres y mientras esperan pasar a cambiarse antes de la clase, el niño muestra un comportamiento inaceptable que sus padres no corrigen, y te ves obligado a hacerlo y a intervenir tú, aun estando sus padres delante, porque mostrando cierta coherencia no puedes admitir una forma de actuar fuera del tapiz y otra dentro… por lo menos mientras están en el club…

Y hay que tratar siempre que nuestros niños aprendan Judo, pero sobre todo que entiendan el Judo y todo lo que conlleva el Judo como algo más que un deporte, que aprendan a saber estar dentro y fuera del tapiz, de manera que la indicación oportuna pueda ser siempre: “con discreción, que se note que somos Judokas…”

 

 

Y hasta aquí el articulo que en su momento escribí y que Asensio colgó en Arajudo en noviembre de 2011. Debido al comentario de Crespo he confeccionado una cosa que llama discreción.